Hacía tiempo que no tenía tantas
ganas de escribir unas reflexiones en este modesto blog. Pero hoy me ha dado de
nuevo el subidón de cuando tienes unas ideas en tu cabeza y necesitas soltarlas.
Esto es lo que he sentido cuando
leo entre viejos compañeros de rodaje que se acerca el estreno de “La Mula”.
Aún recuerdo la tarde de octubre
que llegué a casa del gimnasio y tenía una llamada perdida en el móvil de un número
desconocido, al cual volví a llamar sin respuesta. Pero tenía la intuición que
de algo bueno se trataba. Estaba en un momento de la vida en que necesitaba un
cambio, una buena experiencia que me marcara. Así que ni corta ni perozosa dejé el móvil en
el lavabo mientras me duchaba; sabía que iba a sonar. Y sonó. Sonó mientras me
enjabonaba la cabeza, y tal cual salí de la ducha a responder esa llamada que
me estaba esperando.
Recuerdo también la emoción al
tomar los pocos datos que sobre la producción me dieron en ese primer momento.
Recuerdo las pocas palabras que encontraba para contarle a mi madre lo que me
estaba pasando. Recuerdo una noche en vela. Y recuerdo también, con cierta
nostalgia, llegar al día siguiente a las prácticas que realizaba en la
Universidad y despedirme de mis compañeros que tan bien me habían acogido y tan
satisfechos estaban con mi trabajo. Pocos entendían que dejara lo poquito que
tenía en ese momento para embarcarme en un proyecto de apenas unas semanas.
Pero lo hice. Y fue la mejor
experiencia de mi vida.
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El director comprobando un plano |
Recuerdo como si fuese hoy mismo
el camino en mi Ka rumbo a Montoro y la entrevista con el que sería mi jefe (Rubén).
Fue muy buena su cara al verme llegar tan mona, con mi vestidito y mis
manoletinas. Pero dije que al día siguiente volvería preparada para “la guerra”,
y así lo hice. También recuerdo que cuando nombró que mi puesto sería de meritoria de
producción no pude evitar acordarme de los apuntes de la carrera de Rocío de la
Maya, en que describía este puesto como “el chico del café”. Por suerte, no
tuve que llevar a nadie ningún café durante el rodaje.
No olvidaré nunca mis primeras
horas en un set de rodaje. Era “la chica de producción” (todos los demás eran
chicos) y creo que en poco tiempo me gané la confianza y el cariño de los que
me rodeaban en el trabajo, o así lo percibo yo con el paso del tiempo.
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Algunos de los actores principales y Director (Michael Radford) |
Tampoco puedo olvidar mis primeros
pasitos en furgoneta. Mi mandíbula se desencajó cuando me dieron las llaves y
me explicaron uno de mis cometidos diarios: transportar a la jet set de actores desde el hotel hasta
el rodaje. Algún que otro percance hubo, pero nada grave ni que no solventara.
El cambio de mi Ka a una furgoneta de 9 plazas también es algo que no olvidaré.
El bullicio diario de actores,
cámaras, sonido, producción, dirección, equipo artístico… aún hoy lo recuerdo y
se me pone el vello de punta.
Este pequeño trabajo que realicé
me abrió las puertas de una segunda colaboración cinematográfica, pero no es
igual. El solitario mundo del cásting no tiene nada que ver con el ajetreado y
masificado día a día en un rodaje. Esa es
la verdadera esencia del cine.
¡¡Fueron tantas las personas que
conocí…!! Aún hoy me acuerdo de ellas.
Aquí dejo una foto sacada del
bául de los recuerdos con algunos actores.
Y es que, el día 10 de mayo, por
fin después de cuatro años desde su rodaje, “La Mula” se estrenará en el mejor
de los escenarios posibles, el Festival de Cine Español de Málaga.
Quédense a ver los créditos pues
mi nombre aparecerá en los últimos puestos como “meritoria de producción” o “la
chica del café”.
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